Presidente rinde homenaje a veteranos por 40 años de conflicto Beagle

8 ENE 2019
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S.E. el Presidente de la República, Sebastián Piñera, junto al ministro de Defensa, Alberto Espina, rinde homenaje a veteranos en conmemoración de los 40 años del conflicto del Beagle

Muy buenas tardes:
 
Es muy emocionante, y yo sé que también lo es para todos los que estamos a bordo de este buque “Piloto Pardo”, participar en esta ceremonia simple, pero tan significativa.
 
Porque Chile y los chilenos les debemos mucho y tenemos una deuda de gratitud con nuestros soldados, con nuestros marinos y con nuestros aviadores, que hace 40 años -y en la víspera de Navidad- estuvieron dispuestos a entregar lo mejor de sí mismos, con patriotismo, con coraje, con valentía, por defender a nuestra patria, nuestra soberanía y nuestra integridad territorial.
 
Supieron cumplir con su deber, pero supieron ir más allá de ese deber y cumplir con un juramento de honor que habían hecho y que lo habían sentido profundamente en sus corazones, de estar dispuestos a entregar sus vidas si fuera necesario en la defensa de la patria.
 
Nadie mejor que los soldados conoce los horrores de la guerra y, en consecuencia, nadie mejor que los soldados están dispuestos a luchar por la paz, porque los países que realmente aman la paz tienen que aprender que requieren y necesitan Fuerzas Armadas profesionales con la suficiente capacidad disuasiva para poder garantizar en forma sólida y permanente la paz para todos nuestros compatriotas.
 
Chile y Argentina comparten una muy extensa frontera, más de 5 mil kilómetros de frontera, la tercera frontera más extensa del mundo, y en nuestras largas relaciones desde que obtuvimos nuestra independencia, nunca hemos tenido una guerra. Sin embargo, hace 40 años, en este mismo lugar, Argentina y Chile estuvimos al borde, literalmente al borde de una guerra, cuyas consecuencias habrían sido desastrosas para ambos países, y habrían envenenado las relaciones entre dos países hermanos por décadas y quizás por generaciones.
 
Y ahí está el verdadero valor de lo que nuestro Ejército, nuestra Armada y nuestra Aviación, representada por 30 personas que estuvieron aquí en esos momentos en que la patria los necesitaba y los llamó.
 
Es justo reconocer y agradecer a muchos por haber logrado conquistar la paz. En primer lugar, al liderazgo moral, al coraje moral del Papa Juan Pablo II, cuya gestión fue muy decisiva para lograr en esos días de la víspera de Navidad del año 1978, encauzar a ambos países a lograr el Acuerdo de Montevideo, que se logró el año 1979, y que permitió concluir en el Tratado de Paz y Amistad de 1984.
 
Reconocer y agradecer a la Divina Providencia, porque es muy probable que sin las adversas condiciones climáticas en un día decisivo en esos tiempos en que los tambores de guerra sonaban con tanta fuerza, hubiera tal vez permitido el encuentro entre las dos Armadas, las dos flotas de guerra. Y eso hubiera sido sin duda el comienzo de una guerra, cuyas consecuencia -como decía- habrían sido desastrosas.
 
Agradecer también a las autoridades de la época, que a la hora nona supieron encontrar y recorrer los caminos de la paz, cuando tantos y con tanta fuerza llamaban a encontrarnos en la guerra.
 
Pero sobre todo reconocer a los hombres y mujeres del Ejército, de la Armada y de la Aviación, que estuvieron presentes y cumpliendo con su deber, hace 40 años, en un momento tan crítico y tan estelar en la historia de nuestros dos países.
 
Quiero hacer un reconocimiento a nuestras Fuerzas Armadas, que cumplieron con su gloriosa e histórica tradición, y también con su juramento de amor, patriotismo y entrega por la patria.
 
A los soldados, que estuvieron atrincherados en condiciones extraordinariamente adversas y hostiles; a los marinos, que estuvieron embarcados también en condiciones climáticas tremendamente adversas; y a los aviadores, que en labores de patrullaje o a bordo de aviones de guerra estaban esperando la orden para cumplir su compromiso con la patria.
 
La verdad es que cada uno de ustedes es un ejemplo que inspira e ilumina a las generaciones, que nos sentimos orgullosos de lo que ustedes hicieron y estuvieron dispuestos a hacer hace 40 años en estas aguas del Canal del Beagle, y en las tierras de la Patagonia, y en las tierras del sur de Chile.
 
La verdad es que hay que destacar la importancia de contar siempre con Fuerzas Armadas que tengan la necesaria capacidad disuasiva, porque si uno realmente ama la paz y quiere que la paz sea una realidad, tiene que estar dispuesto también a demostrarle a todos que vamos a estar dispuestos a luchar por nuestra soberanía, por nuestra integridad.
 
Sin esa voluntad férrea que ustedes demostraron, que estaban dispuestos a luchar por Chile, probablemente la historia habría sido distinta.
 
Quiero terminar estas palabras recordando aquellas que están escritas en la base del Cristo Redentor, a más de 4 mil metros de altura y que dicen: “Se desplomarán primero estas montañas antes que argentinos y chilenos rompamos la paz que hemos jurado mantener y proteger”.
 
Les agradezco a cada uno de ustedes, desde el fondo del corazón, el patriotismo, la generosidad y el coraje que supieron demostrar cuando la patria los llamó.
 
Y quiero también decir con mucha fuerza, ¡viva la paz, viva Chile!  
 
Muchas gracias.