Presidente desayuna junto a alumnos que obtuvieron puntajes nacionales en la PSU 2018

4 ENE 2019
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S.E. el Presidente de la República, Sebastián Piñera, junto a la ministra de Educación, Marcela Cubillos, desayuna con estudiantes que obtuvieron puntajes nacionales en la Prueba de Selección Universitaria 2018.

Muy buenos días, ministra, intendenta, padres, apoderados, pero sobre todo ustedes, los jóvenes.
 
Quiero partir por confesar que siento una tremenda y sana envidia, porque, mire, yo sé que a ustedes les fue muy bien en el Bachillerato…perdón, en la Prueba de Aptitud Académica…tampoco, en la PSU. No…
 
Yo les quiero contar a ustedes que nos da una tremenda envidia porque pocas veces hemos vivido una época tan maravillosa para ser jóvenes, tienen ustedes un mundo por delante, un mundo que está cambiando y lo maravilloso es que ese cambio son ustedes los que lo van a moldear. Porque el pasado es pasado, podemos analizarlo, estudiarlo, comentarlo, pero no lo podemos cambiar. El futuro tiene algo extraordinario, no está escrito, está para ser escrito y ustedes van a poder tomar los pinceles y trazar esos caminos de futuro para ustedes, sus familias y para nuestro país.
 
En este minuto, en todas las regiones de Chile están habiendo desayunos como éste, con los jóvenes que obtuvieron los máximos puntajes en la PSU, con los padres y apoderados, los intendentes, porque éste es un sentimiento que nosotros lo llevamos muy profundamente en el alma, que es el compromiso con la juventud y el compromiso con la educación.
 
¿Por qué les digo que me da una tremenda envidia verlos? Porque, aunque ustedes no crean, algún día nosotros también ingresamos a la universidad. No pregunten cuándo, hace más de 50 años.
 
Yo ingresé la universidad a fines de los 60, cuando en el mundo había una revolución. En París, los jóvenes se tomaban las calles y desafiaban la Cuarta República de De Gaulle, con frases maravillosas, que todavía están escritas en las paredes de la Universidad La Soborna: “prohibido prohibir”, “la imaginación al poder”, “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Eran los tiempos de Cohn-Bendit, Rudi Dutschke, un filósofo que se llamaba (Herbert) Marcuse.
 
Y, al mismo tiempo, en Estados Unidos, era la revolución de los hippies. Hubo una película que marcó a toda una generación, que se llama “Busco mi destino”, ustedes probablemente nunca la vieron, pero eran los hippies que decían “peace and love”. En esa época en Estados Unidos, para votar se requerían 21 años, pero para ir a la Guerra de Vietnam se requería sólo 18 años. Y los jóvenes decían a los viejos, “¿cómo es posible que nos consideren maduros para morir, pero inmaduros para votar?”   
 
Y en Chile, también eran tiempos de mucha conmoción, eran los tiempos de la toma de la Casa Central de la Universidad Católica. En esa época, eso era una sorpresa, una novedad, no había ocurrido nunca. Hoy día sería justo lo contrario. Pero así van cambiando los tiempos.
 
Y les quiero contar otra anécdota. Nosotros, miren, ustedes son la Generación Z; ya dejaron atrás a la Generación Millennials; dejaron atrás la Generación X, a la cual usted pertenece; yo pertenezco a la Generación de los “Baby Boomers”, que fueron los que nacieron después del término de la II Guerra Mundial. Para ustedes, esto es “prehistoria”, para mí es “mi historia”, así que déjenme compartirla con ustedes”. 
 
A mí me tocó el privilegio de poder ir a la universidad, y no solamente en Chile, sino que también la oportunidad de ir a estudiar un doctorado a una gran universidad en Estados Unidos. Y les voy a contar cómo era: cuando yo estaba haciendo mi tesis de doctorado, no existía el fax, no existía la fotocopia, no existía el computador personal, no existían los teléfonos celulares, no existía el e-mail, no existía Google, no existía Facebook, no existía Instagram, no existía nada. Era, prácticamente, con las propias manos. Y yo me acuerdo que cuando escribía mi tesis de doctorado, y había que hacerla con ocho copias y, por tanto, en una máquina de escribir, de ésas que sonaban, no había memoria, no habían  máquinas electrónicas, ocho copias de calco, y cuando se cometía un error, y uno corregía ese error, había que hacerlo todo de nuevo, ocho hojas de calco, corregía el error y después hacía otro error, y era un proceso interminable.
 
Así que el gran progreso tecnológico de mi época no fue Google, no fue Facebook, como fue Instagram, fue el liquid paper. Ustedes se ríen, pero el liquid paper permitía que, si se cometía un error, uno le ponía un poquito en cada una de las hojas, tipiaba encima, corregía el error sin arriesgarse a echar a perder todo lo demás. 
 
Así que vean ustedes cómo ha cambiado el mundo. Estamos en un mundo maravilloso: una revolución tecnológica que nos va a cambiar la vida en forma que ni siquiera podemos imaginarnos, una sociedad del conocimiento y la información que lo que busca precisamente es lo que ustedes tienen, no solamente talento, conocimiento, sino que además una voluntad, un espíritu.
 
En el mundo siempre ha habido una confrontación, entre el miedo y la audacia. Si los hombres y las mujeres no hubieran tenido audacia, nunca hubieran abandonado las cavernas y ahí estaríamos todavía, sin ver la luz del Sol. Y eso ha sido una lucha permanente.
 
Fittipaldi, gran corredor de autos, brasilero, decía que, para ganar las carreras, se requerían las dos: coraje, porque sin coraje no se subía al auto, no podía ganar; miedo, porque sin miedo chocaba en la primera curva, tampoco podía ganar.  
 
Yo siento que hoy día en Chile más que nunca en esta lucha eterna entre el coraje y el miedo, se requiere coraje, para cambiar todo lo que hay que cambiar, para adecuarnos a los tiempos que vienen.
 
Y ustedes son los verdaderos portavoces y los verdaderos artífices del cambio, y tienen una tremenda responsabilidad, porque yo sé que han llegado aquí en base a su talento -y que lo apreciamos- y su trabajo. La única parte en que la palabra “éxito” está antes que la palabra "trabajo", es en el diccionario; en la vida es al revés: primero hay que trabajar y después viene el éxito.
 
Pero también quiero reconocer a sus padres, porque gran parte de este mérito que hoy día estamos celebrando junto a ustedes, de ser Puntajes Nacionales, se los deben a sus padres, que estuvieron juntos a ustedes, que les enseñaron los valores, la perseverancia, les enseñaron el amor por la vida. Y, por tanto, un saludo y un aplauso a los padres y apoderados.
 
Bueno, aquí tenemos jóvenes de muchas partes del país, de liceos emblemáticos, de liceos bicentenarios, de colegios particulares, de regiones; tenemos también personas de otros países, está con nosotros Laura, ella viene de Venezuela, y está también con nosotros Simran, de la India. O sea, mire.
 
Yo quería simplemente felicitarlos, pero también motivarlos, estimularlos y cobrarles una cuenta. Ustedes han tenido la oportunidad de estudiar y van a tener la oportunidad de estudiar en la educación superior. Yo les quiero decir, mucha gente se levanta temprano y se acuesta tarde, para sembrar los alimentos que van a consumir, para producir los bienes que van a necesitar, para que ustedes puedan estudiar.
 
Y, por tanto, hay mucha gente que se ha esforzado para que ustedes tengan esta maravillosa oportunidad de llegar a la cumbre en el mundo de la educación. Y tenemos una deuda con ellos, porque en Chile no todos tienen la oportunidad de estudiar en la educación superior, ni todos tienen el privilegio de ser Puntajes Nacionales. Y, por tanto, ésa es una doble responsabilidad. 
 
Y por eso, yo quería invitarlos a que tomen la vida con alegría, con esperanza, con audacia, no se dejen llevar por el viento, cada uno es dueño de su propia vida. Y en este mundo, tenemos una sola vida, los que creemos que hay otra vida, más allá de esta, tenemos esa esperanza, pero en este mundo tenemos una sola vida.
 
Y yo quiero que cada de ustedes se sienta el dueño, el arquitecto, el constructor de su propia vida, que hagan lo que sienten que quieran hacer. Yo creo que todos tenemos una misión que cumplir en este mundo, lo importante es saber descubrirla, y ser fiel a esa misión, porque algún día vamos a estar en el lecho de muerte, y no queremos que nos pase lo que le atribuyen a Borges. A Borges se le atribuye un poema que se llama “Momentos”, cuando estaba a punto de morirse, que dice “si yo pudiera volver a vivir”, y dice que haría todo distinto a lo que había hecho. Un hombre que fue tremendamente exitoso, cuando llegó el momento de enfrentarse con la verdad, dijo que había hecho justo lo contrario de lo que había sido su vida.
 
Ojalá no nos pase a nosotros eso, y para eso hay que empezar a preocuparse desde ya, porque la vida la corre, es como un río, el agua que pasa por un río nunca más vuelve a pasar por ese lugar, los días que pasan en sus vidas nunca más ustedes los van a poder volver a vivir. Por eso traten de que cada día sea una aventura, que cada día sea un milagro, que cada día sea una experiencia.
 
Porque, mire, yo les voy a decir una cosa, hubo un pensador, ensayista, literato, un hombre muy notable, que se llamaba Enrique Mac Iver. Él escribió lo que se llamó “El Balance Patriótico”, que decía -estamos hablando de la víspera del Centenario, no del Bicentenario- y él decía, en esa época Chile venía como avión, después de la Guerra del Pacífico, pero se pegó un trancazo, y él se preguntaba “¿qué ataja el poderoso vuelo que había alcanzado la República?”. Pero él agregaba algo más, porque tenía una predilección por los jóvenes, y decía “todo lo grande que se ha hecho en América y en Chile, lo han hecho los jóvenes”. Y ha citado un montón de ejemplos: por ejemplo, Bolívar, que prácticamente liberó a gran parte de América cuando tenía menos de 29 años; o Carrera, que fue Presidente o Director Supremo de Chile a los 22 años; y seguía citando muchos chilenos y latinoamericanos que muy jóvenes cambiaron el mundo.
 
Bueno, ustedes van a tener la misma oportunidad.
 
Y después decía “qué se vayan los viejos, qué venga la juventud, limpia y fuerte, con los ojos iluminados de entusiasmo y llenos de esperanza”. Bueno, eso de que se vayan los viejos, olvídenlo, pero que vengan los jóvenes, definitivamente, lo queremos así.
 
Así que les digo a ustedes, jóvenes, tenemos puestas nuestras esperanzas en que ustedes van a seguir una posta, que la han tomado sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos, para hacer de Chile un buen país para nacer, para vivir, para enamorarse, para trabajar, para estudiar, para formar familia y también para envejecer.
 
Así que, ¡viva los jóvenes y les deseo un gran, gran futuro, y una gran, gran vida!
 
Muchas gracias.