Presidente de la República, Gabriel Boric Font, encabeza Sesión de Honor en el Congreso Nacional de Paraguay

17 JUL. 2024
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S.E. el Presidente de la República, Gabriel Boric Font, encabeza Sesión de Honor en el Congreso Nacional de Paraguay.

Señor presidente del Congreso Nacional, estimado vicepresidente de la República, presidente de la Corte Suprema, honorables senadores y senadoras, honorables diputados y diputadas, aprovecho también de saludar a la delegación que ha venido conmigo desde Chile integrada por el ministro de Relaciones Exteriores, Alberto van Klaveren, el ministro de Economía, Nicolás Grau, la ministra de Cultura, Carolina Arredondo, nuestro embajador aquí en Paraguay, pero además el grupo de parlamentarios y parlamentarias representados transversalmente del norte de nuestro país, en particular de la Región de Antofagasta y también los gobernadores de las regiones de Tarapacá y Antofagasta, además del alcalde de Iquique que nos honran con su presencia y nos permiten construir lazos que, además, son descentralizados no solamente entre nuestras capitales.
 
Quiero comenzar mi intervención agradeciéndole al Gobierno de Paraguay y al pueblo paraguayo por la donación que hicieron para los afectados por los feroces incendios forestales que asolaron la Región de Valparaíso, en particular Viña del Mar y Quilpué, durante febrero del presente año.
 
Quiero destacar esto porque fueron 28 toneladas de ayuda, pero que no se cuentan en kilos, sino que dan cuenta de una preocupación por el destino de quienes sufren, un incendio en que fallecieron más de 130 personas. Y recibimos rápidamente el apoyo de países hermanos que nos permitió sobrellevar de mejor manera esta tragedia.
 
Así cuando vemos catástrofes que asolan nuestro continente, incendios, inundaciones, terremotos en nuestro caso o cualquier otro evento que implique sufrimiento de nuestros pueblos, es tremendamente importante poder ver este apoyo que se manifiesta de manera concreta y no sólo simbólica. Y es que la amistad se prueba precisamente en los momentos de adversidades y ustedes, pueblo paraguayo, han estado con nosotros en los momentos difíciles.
 
América Latina es una región profundamente diversa, tan diversa que muchas veces nuestros pueblos no conocen el devenir cotidiano de pueblos hermanos separados por fronteras creadas durante el siglo XIX, que hoy hemos visto no son necesariamente fronteras de los problemas que debemos afrontar en comunidad. La crisis climática, la pandemia, los fenómenos migratorios o las crisis económicas van más allá de las fronteras nacionales.  Y por eso que el diálogo permanente entre países y la colaboración con hechos concretos y no con retórica es relevante para mejorar las condiciones de vida de nuestros pueblos.
 
Tenemos un destino común y estamos entrelazados por la historia, por la memoria, por la cultura, por una amistad de raíces profundas, con dolores y alegrías que son compartidos.
 
Las relaciones diplomáticas con Paraguay se iniciaron hace 180 años, como recordaba el presidente del Congreso, cuando aún éramos jóvenes repúblicas de incierto futuro. Ustedes, y me lo recuerdan permanentemente las autoridades con quienes dialogo, sufrieron una guerra injusta en el albor de su república que cortó, en parte, las alas ese Paraguay, la Guerra de la Triple Alianza. Sin embargo, como me dijera el Presidente, es justamente desde esa adversidad, de la que han debido salir adelante.
 
Chile, por su parte, a principios del siglo XIX era conocido como un país pobre, como un país de geografía incierta, que además era un país difícil de domar en todos sus sentidos. Sin embargo, por caminos distintos, ambos hemos logrado salir adelante y hoy continuamos trabajando por el bienestar de nuestros pueblos.
 
El gran escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, refiriéndose al desafío de la unidad e integración latinoamericana, definió a esta como un reto de la historia que camina entre lo utópico y lo posible. Decía que es necesario recoger y cumplir este desafío con serenidad, con perseverancia inflexible, pero también con la plasticidad de una inteligente de ecuación a las cambiantes circunstancias de la historia. Hoy me regalaron justamente el libro “Yo el supremo” de Roa Bastos que entra en las lecturas que espero poder abordar durante este año.
 
Y tiene razón este gran autor ganador del Premio Cervantes cuando decía que la perseverancia inflexible y la plasticidad inteligente es lo que requieren las relaciones de nuestros países, y la unidad e integración latinoamericana para hacerlas posibles y duraderas.
 
Le decía hace poco a otro presidente de nuestra América Latina, con quien tenemos diferencias en materia política, que nosotros, los presidentes, pasamos, pero los pueblos quedan. Por lo tanto, independiente de las diferencias circunstanciales que puedan existir entre un gobierno u otro es importante que con la responsabilidad de jefes de Estado seamos capaces de cultivar relaciones que vayan más allá de nuestras avenencias o desavenencias personales. Es, justamente, lo que creo estamos haciendo y cultivando con el Paraguay.
 
Hoy Paraguay es el quinto socio comercial de Chile en la región y el décimo a nivel mundial. El intercambio comercial entre Chile y Paraguay totalizó más de US$1.800 millones el año pasado, lo que es un 7,2% más que el año inmediatamente anterior. Y nuestra voluntad, tal como hemos conversado hoy las diferentes delegaciones es que siga aumentando.
 
Por eso quiero destacar la entrada en vigencia del tratado de libre comercio entre Chile y Paraguay el pasado 14 de febrero, que marca un hito en las relaciones comerciales y que fortalecerá el intercambio económico entre ambos países, pensando siempre en poder garantizar un mayor bienestar a nuestros pueblos.
 
Algunos me han preguntado cuál ha sido la receta de Chile para tener un éxito relativo en materia económica, porque sin lugar a dudas tenemos tremendos desafíos en nuestro país, por ejemplo, en materia de desigualdad. Pero una de las estrategias, y lo conversábamos hoy con los empresarios paraguayos, que ha tenido nuestro país es tener una apertura al mundo con autonomía estratégica. Y, por lo tanto, hemos desarrollado tratados de libre comercio que hoy estamos actualizando, llevándolo más allá del mero intercambio de bienes materiales para ampliarlo también a la cultura, a la academia, a las ciencias. Y los tenemos con China, con Estados Unidos, con la Unión Europea, con los países de nuestra América Latina, con los países del Asia Pacífico y estamos abriendo nuevos mercados y nuevos desafíos culturales como, por ejemplo, con la India e Indonesia.
 
Quiero que sepan que Paraguay puede encontrar en Chile un socio confiable, que tiene reglas claras y estables más allá del gobierno de turno. Esta reputación la hemos construido a lo largo de décadas y el compromiso de los sucesivos gobiernos desde el retorno a la democracia que tanto costó.
 
Sabemos que hemos enfrentado tiempos complejos y hoy gobernar implica tremendos desafíos, pero creo que en esto es importante tener perspectiva histórica, siempre gobernar ha sido complejo.
 
Hoy los desafíos son distintos. En un mundo tan interconectado pensar que la invasión de un país a otro en la frontera entre Rusia y Ucrania, en la provincia de Donbás, iba a implicar un aumento en el precio de los alimentos y los fertilizantes, que iba a derivar también en mayor inflación seguramente hubiese sido irrisorio décadas atrás; o que el crack del sistema inmobiliario en Estados Unidos durante el 2008 iba a significar una recesión en parte importante de los países del mundo occidental; o cómo el freno de la economía en China puede implicar un cambio también en la economía de nuestros países es algo que nos debe llamar la atención.
 
Y para enfrentarlo no basta con políticas que se limiten a la política fiscal al interior de nuestros países, tenemos que fortalecer las relaciones con quienes sabemos que siempre vamos a estar unidos, nuestros países vecinos.
 
En Chile nuestro Gobierno tiene la convicción que las diferentes crisis deben ser enfrentadas con responsabilidad, con visión de largo plazo, sin populismo y, a la vez, sin traspasar el costo de los necesarios ajustes de los vaivenes de la economía al pueblo de nuestra patria.
 
Por eso, hoy podemos decir que los efectos de la pandemia han ido quedando atrás, aunque todavía tenemos muchos desafíos por cumplir. El aumento del desempleo, la pobreza, el crecimiento son índices que durante nuestro Gobierno han mejorado y tienen proyección de seguir haciéndolo durante los próximos años.
 
Tenemos una economía saneada con baja inflación que retoma su ciclo de crecimiento. Hemos logrado reducir la pobreza a niveles históricamente bajos, del orden del 6%, incluso menor a las cifras prepandemia, según la última medición.
 
A la vez, hemos implementado reformas significativas que buscan la mejora del bienestar de los más desfavorecidos, pero también con un criterio universalista. Por ejemplo, la reducción de la jornada laboral a 40 horas, la gratuidad total del sistema público de salud, el Royalty a la minería que es distribuido entre la gran mayoría de las comunas del país y el aumento del salario mínimo cercano a los US$550 mensuales.
 
Además, de la mano de las industrias del litio, del cobre y del hidrógeno verde, estamos apostando a que Chile sea un polo de desarrollo fundamental en la necesaria transición energética que debe desarrollar el mundo, con innovación tecnológica para producir y agregar valor, con altos estándares ambientales y sociales. Queremos contribuir a esta transformación verde del mundo generando, insisto, valor agregado en nuestra patria.
 
Chile y Paraguay están impulsando hoy la iniciativa de un Corredor Bioceánico Vial que va a unir, en conjunto con Brasil y Argentina, a través de casi 3.300 km de carretera, el sur de Brasil con los puertos del norte de Chile, pasando por Argentina y Paraguay, integrando las ciudades de Santos, São Paulo, Campo Grande, Porto Murtinho, Carmelo Peralta, Loma Plata, Pozo Hondo, Misión, La Paz, Salta, Jujuy, Calama, Antofagasta, Mejillones e Iquique. Éste es un signo claro de integración concreta que abre mercados y que nos presenta nuevos desafíos, por ejemplo, en materia de seguridad.
 
Me alegro de haber visto hoy los avances que se han hecho en Paraguay al respecto y esperamos que los demás países miembros de esta iniciativa cumplan con lo propio, porque no tengo ninguna duda de que unir los mercados del Atlántico y el Pacífico son tremendas oportunidades para mejorar las economías de nuestras patrias.
 
En las próximas semanas visitará nuestro país el Presidente Lula de Brasil y nuestro propósito con esta visita es que, al igual que con la mía hoy en Paraguay, demos otro impulso a favor de este proyecto de infraestructura tan fundamental para unir e integrar nuestras economías.
 
Estimados y estimadas, debemos aprender de la historia. La integración política, económica y social de nuestros países se logra con voluntad y acciones concretas. Llevábamos demasiado tiempo en América Latina, en una suerte de péndulo disputándonos de un lado a otro qué tipo de sigla es la mejor para uniones que nunca llegan. Por eso, creo que el hecho del Corredor Bioceánico Vial es tremendamente importante.
 
Cuando pienso en la historia de la Unión Europea, hoy, con 27 miembros, es inevitable remontarse a la Comunidad Europea del Carbón y el Acero donde, en los años 50, Francia, en conjunto con la República Federal Alemana, en particular con la cuenca del Ruhr, realizaron una alianza que permitió ir creciendo poco a poco hacia una integración que hoy va mucho más allá.
 
Es importante pensar en grande, pero para pensar en grande hay que avanzar con pasos concretos y eso es lo que estamos haciendo hoy entre Chile y Paraguay.
 
Estoy consciente de que la integración regional no debe limitarse a favorecer el intercambio comercial y las inversiones transfronterizas; son tremendamente importantes, sin dudas, pero no son lo único. También es clave favorecer el intercambio cultural entre nuestras naciones para profundizar y fortalecer el vínculo que une a nuestros pueblos. Conocer las costumbres, tradiciones, expresiones culturales, valores y perspectivas del otro, siempre desde el respeto y mutuo entendimiento nos recuerda que, a pesar de las diferencias, tenemos una humanidad compartida y un destino común en el planeta.
 
Conocer de su historia, por ejemplo, de la Guerra de la Triple Alianza o la Guerra del Chaco o de cómo salieron adelante después de estos momentos difíciles, el conocer que son un país bilingüe con el guaraní y el español, el tener mayores acercamientos, por ejemplo, a su sistema de barcazas que, entiendo, es el tercero más grande del mundo y el aprovechamiento que han hecho de la energía hidroeléctrica en un país que hoy debe ser de los pocos que no sufre los efectos de la sequía.
 
Pensemos en proyectos que permitan fomentar el intercambio cultural entre nuestros países. Un ejemplo de ello es la traducción al guaraní de la obra de la poeta chilena y Premio Nobel, Gabriela Mistral, realizada en 2019 por la escritora paraguaya y Premio Nacional de Literatura, Susy Delgado, un trabajo señero que nos marca el camino.
 
Estimadas y estimados miembros del Congreso, nos enfrentamos, insisto, a desafíos comunes que requieren acción conjunta. Seguramente, menos hubiesen muerto durante la pandemia si es que hubiésemos logrado mayor coordinación y colaboración a la hora de obtener las vacunas, donde entramos todos en una lógica de competencia antes que la de la colaboración.
 
América Latina tuvo un porcentaje de muertos mucho mayor que el resto de los continentes en relación a su población. Eso nos debe llamar la atención porque somos un continente importante, un continente pacífico, un continente con inmensos recursos naturales e inmensos recursos humanos, un continente con una cultura riquísima y que, si uniéramos fuerzas, podríamos aprovecharlo de mucha mejor manera a la hora de relacionarnos con el resto del mundo.
 
Estimados y estimadas, el tiempo de las dictaduras en América Latina debe quedar para siempre en el pasado, no en el olvido, en el pasado. Sabemos que tenemos tragedias compartidas como la infame Operación Cóndor o el exilio que regó de connacionales otros países de América y el mundo que recibieron a quienes eran expulsados de su patria por el simple hecho de pensar distinto.
 
Ningún conflicto, por grave que este sea, debe solucionarse por el imperio de la fuerza. Los problemas de la democracia se solucionan con más democracia y no con menos. Al decir estas palabras no busco, sencillamente, una cuña o una frase cliché, sino que hago gala del aprendizaje que nuestro país ha tenido de su propia historia. Así lo reafirmamos el año pasado con motivo de la conmemoración de los 50 años del golpe militar de 1973 en Chile con un mensaje simple, pero, a la vez, urgente y necesario: “Democracia hoy y siempre”.
 
Y, en este sentido, compartimos con el Paraguay el compromiso por fortalecer el sistema regional de derechos humanos. Muestra de esto es que ambos países han firmado, en noviembre del 2023, el memorándum de entendimiento para la implementación de la plataforma Simore Plus para el seguimiento del cumplimiento de las recomendaciones en materia de derechos humanos.
 
Cuando era parlamentario, lo fui 8 años por la Región de Magallanes en el sur de Chile, Magallanes y la Antártica Chilena, me preguntaba para qué servían parte de los tratados y declaraciones de intenciones que se firmaban entre mandatarios de países y la verdad es que son un primer paso, pero no sirven si es que no hay equipos de seguimiento que se preocupen de darle concreción y los entiendan como políticas de Estado más allá de los gobiernos de turno.
 
Hoy, les aseguro que el trabajo que estamos realizando en conjunto con el Paraguay tiene, justamente, estas características y no me cabe ninguna duda que la próxima vez que venga un Presidente de Chile hablar a este honorable Congreso —entiendo que la presidenta Bachelet estuvo antes que yo— va a poder decir con satisfacción que las relaciones entre nuestros países han aumentado, no solamente en caudales de inversión recíprocos y en intercambio comercial, sino también en el necesario conocimiento cultural y social de nuestros pueblos.
 
No hay desarrollo ni futuro posible para nuestros países y América Latina si no fortalecemos nuestras democracias y nuestras instituciones. Por eso, tenemos el deber, como gobernantes, de dar respuestas a los crecientes sentimientos de desafección de la ciudadanía con las instituciones democráticas. Para eso, tenemos que poder dar respuesta a las necesidades más imperiosas; seguridad, mejorar las pensiones de los adultos mayores, proteger a la infancia vulnerable, asegurarle una calidad de vida digna a los ciudadanos de nuestras patrias, independiente de la cuna donde hayan nacido o de las vicisitudes inevitables del destino, como son la vejez y la enfermedad.
 
Un gobierno progresista como el nuestro tiene como eje rector el avanzar en mejorar las condiciones materiales de vida del pueblo con una perspectiva de mayor cohesión social donde la colaboración es más importante que la competencia y donde nos entendemos todos como iguales en los desafíos conjuntos que tiene la vida y donde existen ciertas esferas de la sociedad que no deben ser objetos de negocio, sino entenderse como derecho como son las pensiones, la salud, la educación y debemos avanzar también hacia la vivienda.
 
Por cierto, hoy, quizás, el desafío más grande que tienen nuestras sociedades es abordar la crisis en materia de seguridad en nuestra patria lo sabemos bien. No podemos aceptar que el narcotráfico, el crimen organizado, las bandas de delincuentes transnacionales perturben la tranquilidad de la gran mayoría de nuestros ciudadanos y habitantes que son hombres y mujeres de paz de trabajo que tienen el derecho a ser felices y caminar tranquilos por las calles. No podemos permitir que los espacios públicos sean tomados por bandas de delincuentes o que el narcotráfico permee las instituciones y corrompa las diferentes instancias de la república y para eso tenemos que actuar en conjunto, ser inflexibles e incorruptibles.
 
Por eso, en el marco de nuestra presidencia del Consenso de Brasilia, el primer semestre de este año recibimos en Santiago de Chile a los países sudamericanos, entre ellos Paraguay, para intercambiar información y coordinar capacidades para poder enfrentar en conjunto la delincuencia y la crisis de seguridad que afecta a la región y que tanto angustia a nuestros compatriotas.
 
Queridos amigos y amigas, a lo largo de estas breves palabras creo haber dejado claro que tenemos desafíos que son conjuntos y que podemos dar un gran salto mediante la integración de nuestras economías concretando el Corredor Bioceánico Vial, también que los desafíos globales como la crisis climática, la transición energética, los fenómenos migratorios o la delincuencia transnacional nos requieren unidos, conectados, fuertes y presentes, con sociedades civiles empoderadas en relación permanente con las autoridades.
 
Para eso, tenemos que seguir cuidando nuestras democracias, promover los derechos humanos, cueste lo que cueste, y, por cierto, conocernos más, querernos un poco más.
 
Unidos en este esfuerzo, mirando el futuro y por sobre nuestras legítimas diferencias políticas seremos capaces de construir un futuro más próspero, justo y seguro para ambos países.
 
Espero, en una próxima visita, eventualmente ya no como Presidente, sino como ciudadano, poder conocer más del Paraguay profundo, su interior, su ruralidad, conocer a su gente y sus culturas, y, desde allí, ser, de alguna manera, un embajador de esa amistad entre nuestros pueblos que nos une hace 180 años.
 
Agradezco muchísimo esta oportunidad de poder compartir esta reflexión con ustedes. Con emoción les cuento que no es usual que Presidentes de la República hablen presencialmente frente a otros congresos y es para mí realmente de una tremenda importancia y reviste un gran honor, porque son ustedes las y los depositarios de la voluntad soberana de un pueblo que lucha por salir adelante, independiente de las vicisitudes de la historia.
 
Como países hermanos, Chile y Paraguay, estamos llamados a recorrer juntos el camino hacia un desarrollo auténtico e igualitario de bienestar compartido para nuestros pueblos. Confío plenamente que, en la medida en que tengamos voluntad política, más diálogo y más integración, así será.
 
Muchas, muchas gracias.