Presidente Piñera asiste a la ceremonia de inicio de segundo período del Rector de la Universidad de Chile

23 AGO. 2018
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En la oportunidad, el Mandatario reiteró su compromiso con entregar una educación de calidad en todos los niveles y mejorar la cobertura.

Amigas y amigos:
 
En primer lugar, quiero felicitar muy sentidamente al profesor, doctor y rector Ennio Vivaldi, quien inicia hoy día su segundo período. No hay mejor escuela para ser un buen rector de la Universidad de Chile, que haber sido rector de la Universidad de Chile. Y por eso estoy seguro que su segundo mandato, rector, va a superar los logros que obtuvo en el primero.
 
Y quiero también, a través suyo, saludar a toda la comunidad, a la comunidad que forma esta Universidad de Chile, a los vicerrectores, los profesores, los alumnos y todos aquellos que aportan para que la Universidad de Chile sea el orgullo, que es hoy día para nuestro país.
 
También quiero agradecer muy sinceramente el que ustedes me hayan conferido esta medalla como “Patrono de la Universidad”, que, para mí, sin duda, constituye una fuente de gran satisfacción y de muy sentido orgullo.
 
Me siento también muy contento de poder estar hoy día compartiendo con ustedes esta ceremonia. Quiero simplemente reflejar lo que la Universidad de Chile ha significado, significa y va a significar para nuestro país.
 
Desde su nacimiento, que comienza a gestarse en los tiempos del Presidente Manuel Montt, cuando el ministro de Instrucción Pública de la época estableció y le entregó a Andrés Bello la misión de redactar la ley que crearía la primera universidad de la entonces joven República de Chile, desde aquella época, ha pasado por esta casa de estudios la mayoría de los hombres y mujeres más ilustres de nuestro país y aquellos que han prestado los servicios más señeros y más valiosos al desarrollo de nuestro país en todos los campos del quehacer humano.
 
Basta con recordar que, durante estos 200 años de vida, Chile ha sido gobernado, nada más ni nada menos, que por 20 Presidentes formados en las aulas de esta universidad, de ellos 4 encabezaron el país durante el siglo XIX y 11 lo hicieron en el siglo XX, mientras en lo que va de este siglo ya cuenta con 4 Presidentes formados en las aulas de esta universidad.
 
Durante sus 175 años de vida, la Universidad de Chile ha estado siempre a la vanguardia y ha sido siempre precursora de los grandes cambios sociales, políticos, culturales y científicos de nuestro país. Ello explica, por ejemplo, que las primeras mujeres profesionales de Chile se formaron en esta universidad.
 
Porque tal como lo expresó Eugenio González Rojas, que también fue rector de esta universidad, él dijo “desde su nacimiento, nuestra universidad ha sido un foro permanente, abierto a la confrontación libre y crítica de todas las ideas, y tiene que seguir siendo leal a esta noble tradición democrática, resguardando con permanente firmeza su autonomía y libertad académica, dando los mejores ejemplos de alta tolerancia, defendiendo por encima de ocasionales banderas los fueros de la conciencia libre. La universidad sin libertad, simplemente, no es universidad”. 
 
Esas palabras, que fueron pronunciadas, hace más de 50 años, siguen teniendo hoy día plena y absoluta vigencia.
 
De hecho, la universidad es una institución que ya ha cumplido más de 1000 años de historia, y que ha demostrado una sorprendente capacidad y resistencia a los avatares, los desafíos del tiempo, sobreviviendo una y otra vez a toda clase de crisis, revoluciones, guerras, catástrofes y cambios de época.
 
¿Por qué? Porque sigue teniendo una función esencial en toda sociedad libre y que aspira a seguir progresando. 
 
A través de los siglos, la universidad no ha cambiado su esencia. Desde su nacimiento en la Edad Media, en la pionera Universidad de Bolonia, y pasando por supuesto por la Época Moderna, donde la universidad fue clave en la formación de los Estados Nacionales Europeos, tanto bajo Modelos Napoleónicos o Modelos Humboldtianos, siempre la universidad estuvo ahí, anticipándose a su tiempo y marcando los rumbos y los caminos del futuro.
 
Y así es como debe ser y seguir siendo, un espacio de encuentro, libre, abierto, pluralista, entre maestros y estudiantes, en la búsqueda permanente de la sabiduría y el cultivo del saber.
 
Debe ser vanguardia que se anticipa a sus tiempos, como decía Newton “subirse sobre los hombros de gigantes para ver qué hay más allá del horizonte”.
 
Históricamente, la universidad siempre tiene que ser fiel a dos principios fundamentales, que es la libertad de pensamiento y la autonomía, tan necesaria para que la universidad pueda cumplir esa noble e irremplazable tarea.
 
Históricamente, las universidades han sido cunas donde nacen y se propagan nuevas interpretaciones filosóficas, nuevas ideas políticas, que son capaces de transformar nuestras sociedades, y también de nuevas ideas que revolucionan la vida de los seres humanos en todos los ámbitos del quehacer de las personas.
 
Por eso, es difícil recordar una organización que haya sido más influyente en la formación de las ideas, de los grupos dirigentes de un país como han sido las universidades, y como lo ha sido la Universidad de Chile en nuestro país.
 
Y ello explica que, a lo largo del tiempo, diferentes grupos de interés, tanto dentro como fuera del Estado, muchas veces han pretendido controlarla para subordinarla a sus fines partidarios, pero el espíritu de sobrevivencia, el compromiso con la libertad y la autonomía de las universidades en general, y de esta Universidad de Chile, siempre ha logrado resistir esos intentos de restringir las libertades y ejercer los controles.
 
La Universidad ha sabido enfrentar y superar esas encrucijadas, pudiendo desempeñar un rol protagónico no solamente en el campo de la política y en el campo social, sino que también en el campo de las artes, la educación, las ciencias, la filosofía, las leyes, entre tantas otras áreas de interés de los seres humanos.    
 
Hoy la Universidad de Chile continúa sirviendo fielmente a esa vocación de excelencia, como lo expresó el rector Vivaldi, y como lo reflejan diversas mediciones académicas, tanto nacionales como internacionales. Es un orgullo para nuestro país que la Universidad de Chile se ubique en lugares de privilegio, tanto a nivel de América Latina como a nivel mundial y cómo lo reflejan tantos estudios. Podríamos hacer un recuento, pero creo que las palabras del rector Vivaldi ahorran ese esfuerzo. La Universidad de Chile ha demostrado a nivel nacional e internacional su excelencia, y eso es algo que, por supuesto, constituye un orgullo para los chilenos, pero un deber para la Universidad.
 
Y podríamos recordar tantos rankings de las universidades mundiales, que ponen a la Universidad de Chile en esos lugares de privilegio.
 
Pero no hay que dormirse en los laureles, porque la excelencia no está garantizada y, en consecuencia, la excelencia no se puede inscribir en el Conservador de Bienes Raíces, hay que ganarla todos los días y hay que estar alerta a un mundo que cambia con una velocidad impresionante, para evitar el principal riesgo de este siglo XXI. El principal riesgo de este siglo XXI es la obsolescencia, el que no está al ritmo de los tiempos inevitablemente va a quedar obsoleto.
 
Por eso, es tan importante saber lo que la universidad le pide al Estado, y yo lo he escuchado como Presidente en muchas oportunidades, pero también lo que el Estado le pide a la universidad.
 
Por eso, me alegro mucho que la Universidad de Chile haya tomado un desafío que se lo han planteado muchos Presidentes. A mí me tocó reunirme en muchas oportunidades con los rectores de las universidades, en que ellos le pedían al Estado muchas cosas, pero también es importante que las universidades escuchen qué les pide el Estado a esas universidades, además de seguir ejerciendo la excelencia, la libertad, el pensamiento libre y crítico, anticiparse a los tiempos.
 
Dos tareas muy importantes que hoy día la Universidad de Chile está asumiendo y con mucho compromiso y pasión: primero, contribuir a formar buenos profesores para nuestros estudiantes, y segundo contribuir a poner a Chile en la vanguardia del desarrollo de la ciencia y la tecnología.
 
Sabemos que el desarrollo del conocimiento sin un esfuerzo por formar los profesionales del futuro, puede resultar inútil. Tal como lo expresó el propio Andrés Bello en su discurso inaugural del año 1843 cuando dijo “la propagación del saber es una de sus condiciones más importantes, porque sin ellas las letras no harían más que ofrecer unos pocos puntos luminosos en medio de densas tinieblas”.
 
Los chilenos valoran la educación como la mejor herencia que pueden legar a sus hijos, porque la educación es, al mismo tiempo, en forma simultánea, un fin en sí mismo y un medio para el futuro. Es un fin en sí mismo porque nos enriquece, nos permite realizarnos como personas, comprender mejor el mundo en que vivimos, pero también es un medio para el futuro porque nos entrega herramientas e instrumentos que nos van a permitir cumplir mejor las responsabilidades y desafíos que tendremos que ofrecer o asumir en el futuro.
 
Por esa razón, también es la llave maestra para lograr una mayor igualdad de oportunidades, para lograr que todos puedan desarrollar sus talentos y que nadie se quede atrás. Desde ese punto de vista, la educación de calidad es probablemente el instrumento de movilidad social y de igualdad de oportunidades más poderoso con el cual contamos hoy día.
 
Y en materia de educación, yo pienso que el Estado tiene más obligaciones que derechos. Por supuesto que tiene muchas obligaciones en materia de educación, como asegurar educación de calidad a todos los niños y jóvenes, como no permitir que nadie se quede fuera del mundo de la educación por falta de recursos, pero también es muy importante comprender que el Estado, en esta materia, tiene otro tipo de obligaciones.
 
Yo siempre he dicho que creo más en una sociedad docente, en que el sector público y el sector privado unen fuerzas para enfrentar este maravilloso y difícil desafío de la educación, que un Estado docente, en que el Estado pretenda monopolizar la tarea, el desafío de la educación.
 
Por esa razón, yo estoy convencido que en esta materia nuestro Gobierno tiene una agenda, que se suma a las agendas que llevaron a cabo gobiernos anteriores, pero si yo pudiera decir cuáles son las principales prioridades en materia educacional de nuestro Gobierno, que estamos persiguiendo con mucha pasión y mucha urgencia, son básicamente cuatro:
 
Primero, mejorar la calidad de la educación en todos los niveles de nuestro sistema educacional, porque las comparaciones internaciones en esta materia no nos son favorables, y sabemos muy bien que, si no logramos dar educación de calidad a todos nuestros niños y jóvenes, nuestra aspiración de ser un país desarrollado, de ser un país en que nuestros ciudadanos sean ciudadanos de primera clase en la Sociedad del Conocimiento y la Información, se va a hacer prácticamente imposible;
 
Segundo, mejorar la cobertura especialmente en la educación temprana, donde tenemos índices de cobertura para los sectores más vulnerables que no alcanzan al 25%, y ahí es donde podemos hacer un cambio, hacer la diferencia para nivelar la cancha, para tener igualdad de oportunidades, porque si no intervenimos a ese nivel con cobertura y calidad adecuada, lo que hagamos después va a ser demasiado tarde;
 
Tercero, el mundo moderno requiere habilidades, conocimientos y técnicas que tenemos que hacernos cargo en nuestro país y por eso una reformulación profunda de la educación técnico-profesional;
 
Y cuarto, y muy importante, porque antes se pensaba que los seres humanos estudiábamos el primer 20% de nuestras vidas, para después aplicar ese conocimiento durante el 80% restante. Ese mundo desapareció. Hoy día, los seres humanos tenemos que estudiar 20% cada uno de los días de nuestras vidas para no caer en el riesgo de la obsolescencia.
 
Y por eso la capacitación tiene que ser comprendida como parte del sistema educacional chileno, la capacitación permanente a nuestros trabajadores, en un mundo en que el conocimiento se duplica cada 5, 6, 7 años.
 
Y hoy día en Chile tenemos un sistema de capacitación que, si bien consume muchos recursos, no está cumpliendo la labor de preparar a nuestros trabajadores para el mundo que viene. Hoy día sabemos que probablemente la mitad de los trabajos que hoy existen, no van a existir en 20, 30 años más.
 
La pregunta es ¿en qué lugar queremos que esté Chile? ¿Del lado donde se destruyen los trabajos o del lado donde se crean los nuevos trabajos de la nueva Sociedad del Conocimiento y la Información?
 
Esas son las grandes tareas, las grandes prioridades que nuestro Gobierno quiere acometer en materia de aporte a mejorar la educación en nuestro país.
 
Por otra parte, también he dicho es muy importante en esta materia tener plena claridad de que Chile enfrenta múltiples desafíos nuevos hacia el futuro, pero todos ellos están de cierta forma ligados con la educación. Por ejemplo, los desafíos que tenemos en materia de no llegar tarde a las revoluciones: llegamos tarde a las tres primeras revoluciones industriales, no podemos llegar tarde a esta nueva revolución industrial. Llegamos tarde a la revolución de la máquina a vapor, llegamos tarde a la revolución de la mecanización de la producción, llegamos tarde a la revolución que permitió que las tecnologías de la información hicieran que el mundo cambiara radicalmente.
 
No podemos llegar tarde a esta cuarta revolución industrial, que ya está golpeando nuestras puertas y que va a cambiar nuestras vidas en forma más amplia, más profunda y más permanente que la inmensa revolución que hemos experimentado en los últimos 20 años. Y estamos hablando de una revolución que trae el concepto de la Inteligencia Artificial, el internet de las cosas, la Nube, el Blockchain y tantas otras cosas, que ya están y van a seguir cambiando nuestras vidas.
 
Sabemos también que esta nueva revolución industrial plantea una gran encrucijada para los distintos países: si van a ser simplemente espectadores pasivos de estas grandes transformaciones y van a aportar mano de obra barata, o si por el contrario van a ser parte y protagonistas y van a estar a la vanguardia de esta nueva sociedad que está emergiendo.
 
La Sociedad del Conocimiento y la Información ha demostrado, una y otra vez, que es extraordinariamente generosa con los países que quieren abrazarla, que quieren asumirla y que se preparan para ello, y que ha demostrado también ser muy cruel con los países que simplemente le dan la espalda, se quedan mirando al pasado, no se anticipan a los tiempos que vienen, y la revolución tecnológica simplemente los arrolla y les pasa por encima.
 
Por esa razón, iniciar un esfuerzo gigante para dotar a nuestros niños y jóvenes, partiendo por el lenguaje del futuro, el idioma inglés, el idioma digital, porque la revolución digital está produciendo un cambio en todos los frentes; y, en general, la población para poder aprovechar y ser parte y ser protagonista, requiere herramientas e instrumentos que hoy día muchos de nuestros compatriotas simplemente carecen.
 
Por esa razón, la Sociedad del Conocimiento y la Información es una tremenda oportunidad, pero también es una gran amenaza.
 
Quisiera también establecer con mucha claridad, que necesitamos hacer cambios profundos. Por ejemplo, la carretera digital, no solamente las carreteras tradicionales, la carretera digital: unir a nuestro país como estamos avanzando en una carrera digital óptica que va a ir desde Arica hasta la Antártica, unir a nuestro país con los cables o los sistemas de conexión a través de cable óptico con el mundo del Asia Pacífico. Esos son desafíos que, sin duda, tenemos que enfrentar.
 
Pero nos queda tal vez lo más importante, que es lo que se denomina la “última milla”: podemos hacer las carreteras, pero estas carreteras tienen que tener los ramales para que lleguen a todas las escuelas, a todas las comunidades, a todos los rincones de nuestro país. Y eso es un enorme desafío con el cual también estamos absolutamente comprometidos.
 
Generar, además, las condiciones para que Chile enfrente otro tipo de desafíos, el envejecimiento de la población, que nos va a cambiar los desafíos, los problemas, y tenemos que cambiar la forma de enfrentarlos.
 
En un país en que cada día nacen menos niños y cada día vivimos más, estamos experimentando el envejecimiento, que no solamente es un problema de pensiones o de salud, tiene que ver con cómo integramos a la sociedad a un sector que va a ser cada día más importante y que va a estar en el mundo de la tercera edad, y cómo nos hacemos cargo de aquellos que, estando en el mundo de la tercera edad, no van a ser capaces de valerse por sí mismos.
 
Por eso, en la reforma previsional que vamos a plantear al país en el mes de septiembre, hay un capítulo muy especial para ese sector de chilenos que cada día crece con más fuerza, que son chilenos de la tercera edad, y especialmente los chilenos de la tercera edad que no son autovalentes y que van a requerir un cuidado muy especial.
 
El cambio climático, el calentamiento global, que ya está, como lo ha demostrado los 5 informes del Panel de Expertos de Naciones Unidas y los estudios que hemos hecho en nuestro propio país, que van a desplazar actividades económicas, poblaciones, y tenemos que ser capaces de anticiparnos, mitigar y prepararnos para ese cambio que viene.
 
En todo eso, tenemos un formidable aliado, que es la ciencia y la tecnología.
 
Por esa razón el Consejo de la Ciencia y la Tecnología, el Congreso del Futuro, las iniciativas que ha llevado adelante el Senado, son absolutamente indispensables y no le hemos prestado suficiente atención.
 
Hace tres semanas, tuve el privilegio de ir a un encuentro muy especial en un pequeño pueblo en el Estado de Idaho, que se llama Sun Valley, y tuve la oportunidad de conversar largo y tendido durante mucho tiempo con los creadores y líderes de empresas como Amazon, Google, Facebook, Apple, y ahí uno se da cuenta lo que la ciencia y la tecnología tienen que ofrecernos.
 
Por ejemplo, el Hospital Digital, que es una iniciativa en que está trabajando Amazon y Google en forma muy intensa, que es muy simple: es aprovechar la Nube, la Inteligencia Artificial y el maravilloso conocimiento acumulado en materia de salud para prestar mejores servicios a nuestros compatriotas, que puedan tener un diagnóstico en línea, instantáneo, con el mejor conocimiento acumulado a lo largo de la historia, que permite diagnósticos mucho más precisos que los que pueda hacer un médico en particular, es algo que ya está desarrollándose en nuestro país y que va a tener una capacidad de atender equivalente, por ejemplo, a 4 hospitales Barro Luco, antes que termine este año.
 
Ése es sólo un ejemplo de cómo la ciencia y la tecnología nos pueden dar nuevas herramientas, nuevos instrumentos, para enfrentar viejos problemas, pero esta vez en forma mucho más eficaz.
 
Por lo anterior, yo estoy convencido de que lo que tenemos que hacer hoy día es lo que las universidades nos pueden ayudar a acelerar, a guiar, y a iluminar, que es anticiparnos a estos cambios para poder aprovechar los cambios en nuestro beneficio y no que terminen siendo instrumentos que nos dejen más marginados y más a la vera del camino.
 
No es suficiente, sin duda, con sólo tener conciencia de estos desafíos, porque además hay que saber cómo enfrentar estos desafíos y para eso el nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología, que lo planteamos como proyecto de ley durante nuestro primer Gobierno, lo llevó a la realidad el Gobierno de la Presidenta -con mandato cumplido- doña Michelle Bachelet y que está hoy día iniciando sus primeros pasos, y que tiene que ser un gran aporte a este enorme desafío que tenemos por enfrentar en el futuro.
 
Termino despidiéndome con las palabras que dirigiera hace 175 años el primer rector de esta Universidad de Chile, don Andrés Bello y que hoy quisiera hacer mías: “haced más, tratad asuntos dignos de vuestra Patria, de la posteridad, que los grandes intereses de la Humanidad os inspiren, que palpite en vuestras almas las obras y siempre el sentimiento moral, la libertad será sin duda el tema de la universidad”.
 
Muchas gracias.