Devela placa del salón “Canciller Orlando Letelier del Solar”

11 SEP 2017
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S.E. la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, devela placa que nombra al salón  panorámico del edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores “Canciller Orlando Letelier del Solar”, en honor de quien fuera diplomático chileno, canciller y ministro de Defensa, y que fue asesinado por agentes de la dictadura militar.

Amigas y amigos:
 
La verdad que es un gran orgullo y una gran emoción para mí participar de este acto de reconocimiento aquí, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, a quien fuera embajador de Chile en Estados Unidos, Canciller –y también Ministro de Defensa–, Orlando Letelier del Solar.
 
Éste es el tipo de actos que uno se pregunta ¿por qué no lo hicimos antes?, pero de todos modos, es una gran cosa que se haga, y que de ahora en más este Salón Panorámico –donde generalmente se realizan encuentros para fortalecer nuestros vínculos internacionales– rinda tributo a un gran patriota, que dedicó su vida a servir a Chile y a su pueblo, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
 
Orlando Letelier era un hombre brillante, y por ello el Presidente Allende lo nombró en cargos estratégicos durante su gestión transformadora. Fue también esa capacidad sobresaliente la que lo transformó, ante los ojos de quienes habían destruido la democracia, en un enemigo peligroso al que decidieron asesinar.
 
Y este objetivo cobarde fue llevado a la práctica con éxito por manos criminales. Fue, al mismo tiempo, una derrota moral y simbólica de quienes quisieron acallar su palabra y sus denuncias de los crímenes que se cometían, día a día, contra el pueblo chileno.
 
El crimen cometido hace 41 años en Washington deja en evidencia no sólo el carácter profundamente antidemocrático de quienes habían tomado el poder en Chile a sangre y fuego, sino hasta dónde eran capaces de llegar para imponer sus ideas.
 
Con nosotros se quedaron para siempre sus palabras tras ser despojado de la nacionalidad chilena por la dictadura: “Yo nací chileno, soy chileno y moriré chileno”.
 
El año pasado –lo recordaba Juan Pablo- tuvimos la oportunidad de participar en actos realizados en Estados Unidos para conmemorar los 40 años de ese crimen atroz que significó la muerte de Orlando Letelier y su asistente, Ronni Moffitt. Pudimos apreciar un mural realizado por su hijo Francisco en honor a ellos y a Rodrigo Rojas, otra víctima de la dictadura. Inauguramos un monolito en su memoria,  así como una muestra en la OEA, correspondiente al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de nuestro país.
 
Hoy estamos aquí no sólo para recordar su figura y el hecho de que fue fiel a su país hasta la muerte, sino que para decir que los chilenos y chilenas de hoy y de mañana lo seguirán recordando, justamente en una institución que él supo conducir con su reconocida capacidad. 
 
Y yo recién recordaba, Isabel Margarita, que hace poco dimos un Premio Nacional Antonio Quintana al fotógrafo Marcelo Montecino, y una de las fotos que se mostró es la foto de ustedes bailando cueca, en esos años, en ese tiempo. Una hermosísima foto.
 
Pero yo decía que, justamente, Orlando fue embajador y ministro de Relaciones Exteriores en tiempos excepcionales para Chile, y en un escenario global de gran complejidad, en el que la Guerra Fría ordenaba el ajedrez mundial pero, al mismo tiempo, ponía a países como el nuestro a merced de fuerzas muchas veces incontrolables.
 
Y hoy, cuando el horizonte de la globalización parece nuevamente sometido a grandes amenazas, cuando crecen el odio, el temor y la desconfianza, cuando vemos que se producen masivas violaciones a los derechos de las personas con prácticas que creíamos desterradas, es bueno que un salón de esta Cancillería lleve el nombre de una  persona con la energía, las convicciones y el empuje de Orlando Letelier.
 
Y uno de los objetivos de este Ministerio es, justamente, promover y defender los derechos de las personas en el mundo. Es parte de los lineamientos permanentes de nuestra política exterior, y en tanto política de Estado, debe continuarse con decisión, más allá de cuál sea la administración que nos gobierne.
 
Quiero amigas y amigos, decir que la verdad, la justicia y la reparación exigen, entre otras cosas, la preservación de la memoria con actos como éste. Todos ellos son elementos esenciales para que, como hemos dicho muchas veces, y aquí también lo han repetido quienes me han precedido, el “Nunca Más” sea una fuerza viva y actuante en nuestra convivencia cotidiana, para que las nuevas generaciones comprendan que los derechos humanos están por sobre cualquier consideración y que respetarlos y promoverlos es la fuente de legitimidad de toda política y el fundamento de nuestra democracia.
 
Hace 44 años, las sombras cubrieron a nuestra patria. La patria de Mistral y Neruda, de Violeta Parra; la patria de O’Higgins, Carrera, Rodríguez y Prat; la patria de Aguirre Cerda, Frei Montalva y Allende.
La lucha de mujeres y hombres notables, como Orlando Letelier –y de muchos otros humildes y anónimos–, permitió que recuperáramos nuestra democracia, nuestra convivencia pacífica y, por sobre todo, nuestra dignidad. A ellos no tenemos que olvidarlos jamás.
 
Así que, muchas gracias Canciller por esto que ha hecho usted, porque creo que va en esa misma dirección.  Y renovamos en esta ocasión y en esta fecha, ese compromiso ineludible.
 
Muchas gracias y un gran abrazo a la familia Letelier.