Presidenta participa en la reunión de Alto Nivel del Cuarto Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas (IMPAC4).

9 SEP 2017
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S.E. la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, participa en reunión de Alto Nivel del Cuarto Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas (IMPAC4).

Amigas y amigos:
 
La verdad que yo quiero agradecer vuestra participación en este Congreso y que hayan podido seguir acompañándonos en este Segmento de Alto Nivel.
 
Sé que han sido días de intenso intercambio, con nuevos aprendizajes para todos, donde la conversación franca e informada ha ayudado a dejar de lado las diferencias entre cada uno de nuestros países, para dar lugar a lo que nos une.
 
Siendo sinceros, yo decía que vi una discusión interesante, yo creo que lo que nos une es una constatación que no tiene nada de nuevo, salvo el sentido de urgencia, y es que sin una acción oportuna y coordinada, difícilmente lograremos hacer frente a los retos de preservación de nuestro planeta.
 
Y no creo que sea necesario insistir sobre el imperativo que pesa sobre nosotros.
 
¿Qué más tiene que pasar para que los escépticos se tomen en serio lo que está en juego? ¿Cuándo se dejará de mirar a la ciencia como un riesgo, un obstáculo o un costo, en vez de lo que es: el aliado esencial para que sigamos viviendo en la Tierra como la conocemos?
 
El poder de destrucción de IRMA es sólo un peldaño adicional en una larga escalada que viene siendo documentada hace décadas. Los billones en pérdidas son una dramática respuesta para quienes tienen aún dudas sobre cómo invertir racionalmente.
 
Cualquier posibilidad de hacer un cambio positivo depende de que esta reunión de voluntades persista –en éste y otros espacios internacionales– y se convierta en actos replicables y cada vez más extendidos.
 
Por eso estamos aquí y se está preparando un “Llamado a la Acción”; por eso uno de los objetivos es que la plataforma de IMPAC sirva para avanzar en la Meta 11 de Aichi y la Meta 14 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Porque todavía se puede hacer algo para reducir el impacto de la actividad humana en los ecosistemas marinos y costeros.
 
Los que trabajan en organismos internacionales saben que mediante eventos de este tipo –sumado a un trabajo de hormiga, movilizando individualmente a cada gobierno y actores no gubernamentales– se logra construir acuerdos y consensos, que son el primer paso para las transformaciones globales. Además, tendremos más posibilidades de éxito si existe un seguimiento colectivo de las metas a alcanzar.
 
Y tenemos que perseverar en esta ruta.  Y el mensaje es claro: vale la pena y es posible.
 
Ahora bien, aunque la articulación internacional es clave para respaldar políticas nacionales, eso no significa que podamos eludir nuestras responsabilidades domésticas e individuales.
 
Cada uno de los que estamos aquí reunidos, debemos ser consistentes en impulsar el “Llamado a la Acción” con ejemplos concretos de nuestro compromiso.
 
Es al menos lo que ha inspirado nuestra labor en Chile. Así, por ejemplo, hemos tenido éxito en iniciar nuestra transición energética, triplicando el porcentaje de energías renovables no convencionales en nuestra matriz en menos de 4 años, del 6,3% al 17%, y subiendo.
 
Lo más importante es que hemos comprobado que vale la pena y es posible hacer cambios. Y mientras existan opciones, debemos tomarlas.
 
En el caso de la protección de nuestro mar y nuestras costas, no hay respuestas sencillas. Superar resistencias, ser efectivos en el monitoreo, lograr equilibrios aceptables para las comunas costeras en materia de actividad económica, son parte de un proceso complejo.
 
Pero se puede. Es cosa de ver los resultados en este período.
 
Como bien saben -y fue mencionado también por el ministro de Relaciones Exteriores- este evento fue el marco ideal para dar a conocer una excelente noticia: se resolvió favorablemente la Consulta Indígena para crear una nueva Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos en Rapa Nui.
 
Chile ha optado por respetar sus prácticas productivas sostenibles para recuperar ese ecosistema y las pesquerías. Es un proceso inédito en Chile, porque hasta ahora sólo existían experiencias en áreas terrestres.
 
Entonces, junto con respetar la voluntad del pueblo rapanui y sus costumbres ancestrales, estamos ampliando en 720 mil km2 la protección de nuestra riqueza marina.
 
Ya lo comentaba el ministro, durante mi actual administración se ha concretado la creación del Parque Marino Nazca-Desventuradas, de 300 mil km2 -y tuve la oportunidad, fui a visitar yo Desventuradas, y la verdad que se merecen el nombre, porque son unos islotes donde francamente hay poco para la vida humana, pero la maravilla que hay en el ecosistema marino es extraordinaria-, una red de parques y áreas marinas de 12 mil km2 en el Archipiélago de Juan Fernández, y otras áreas menores.
 
De manera que, una vez que se complete la tramitación de la nueva Área Marina de Rapa Nui, estaremos llegando a un millón 329 mil km2.
 
Pero eso no es todo, y también lo comentaron, que la comunidad científica ha entregado antecedentes que justifican que estemos también celebrando la creación de la Red de Áreas Marinas Protegidas en Magallanes. Ya existe un Parque Marino llamado Francisco Coloane, al que sumaremos el Parque Marino Cabo de Hornos y la nueva área marina protegida del Seno del Almirantazgo.
 
Así, estamos sumando 142 mil km2 de conservación oceánica, aumentando en 200 veces la superficie marina protegida en una región con un ecosistema único.
 
Para que dimensionemos este avance, con este conjunto de nuevas áreas marinas protegidas, al año 2018 proyectamos llegar a 1,6 millones de km2, lo que corresponde al 46% de nuestra zona económica exclusiva.
 
Entonces, cuando insisto en decir que es posible, me refiero a esto: había 150 mil km2 protegidos cuando llegamos y habrá diez veces más cuando nos hayamos ido. Si alguien prefiere verlo en porcentaje: pasamos del 4 al 46% de la zona económica exclusiva protegida.
 
Y eso nos convierte en el país de mayor porcentaje de su superficie marina conservada en el mundo.   Esto es bueno, porque cuando empiezan a pasar estas cosas, algunos colegas se empiezan a entusiasmar y me dicen “yo también voy a hacer lo mismo”.  Y, de hecho, con el Presidente Macri, de Argentina, tenemos también pensado hacer cosas en conjunto allá en el sur.
 
¿Qué demuestra esto? Que un país en vías de desarrollo puede ser líder en conservación. No hemos atentado contra las posibilidades de progreso de nuestra gente. Por el contrario, les estamos dando un futuro.
 
Y en estas áreas los recursos pesqueros se van a  quintuplicar. Pero además estaremos aportando a una captura de carbono más efectiva y permitiendo que nuestros nietos conozcan nuestros arrecifes de corales, nuestros lobos marinos o la ballena jorobada.
 
Son resultados que nos enorgullecen y que vienen a sumarse al salto que dimos en superficie terrestre protegida, donde sumamos 4,5 millones de hectáreas disponibles para todos, con la creación de una red de 8 Parques Nacionales en la Patagonia.
 
Que nadie se confunda: esto no es el triunfo de un gobierno, es  el triunfo de la razón y de todos los hombres y mujeres que han dedicado su vida a comprender y a valorar esta maravillosa naturaleza.
 
Pero, además, nuestro compromiso no puede detenerse aquí. Básicamente estamos recuperando tiempo perdido.
 
Para una protección efectiva de los hábitats marinos –aquí se ha hablado, pero quiero insistir-, debemos mejorar la gestión de las áreas marinas protegidas, con planificación y planes de manejo adecuados; debemos ser efectivos en fiscalizar e impedir la pesca ilegal; y debemos hacernos cargo de ofrecer alternativas de empleo y bienestar a las comunidades costeras.
 
Porque si queremos hacer las cosas en serio, no podemos actuar con una lógica centralista.
 
Para contribuir de verdad a un desarrollo sustentable, debemos equilibrar objetivos de conservación biológica, investigación científica y desarrollo económico, en especial para quienes están muchas veces en la primera línea de los efectos del cambio climático.
 
Y, por supuesto, que esto es más que una exigencia para Chile, es  para todos los países. Y sabemos lo difícil que es encontrar la mejor ecuación para equilibrar intereses en pugna.  Pero no hay otro camino.
 
Debemos asumir que esto ha dejado de ser una preocupación sectorial. Ha sido alto el costo, pero tal vez el mayor triunfo es que nadie puede negar que la protección ambiental es parte de cualquier visión de desarrollo. Si hoy no hay progreso social sin crecimiento económico, a largo plazo no hay crecimiento sin desarrollo sustentable.
 
Por eso que es tan importante que se creen espacios concretos para el diálogo público-privado, y que las buenas prácticas también se repliquen en oportunidades de alianzas y negocios.
 
Pero también es muy importante, tal como se planteó en este encuentro, en el IMPAC4, que “reunamos a la gente y al océano”. Es decir, que sepamos sumar a la ciudadanía: desde la educación, el conocimiento, el acceso a los océanos. Porque si no logramos que la gente conozca y valore sus mares, difícilmente habrá disposición a protegerlos.
 
Ahora, hay un desafío, y lo mencionaba también el Príncipe Alberto, y es para muchos países más pequeños, de menor crecimiento económico,  que pueden tener  el compromiso, son los recursos para  todo el resto de la parte que significa gestionar, fiscalizar, etc.  
 
Por eso que, bueno, todos los años, el año pasado, con la Primera Ministra de Noruega, este año también con la Primera Ministra de Noruega y el Presidente Palau vamos a hacer un side event en el marco de Naciones Unidas, justamente para  convocar voluntades.  Y también están las iniciativas Our Ocean, que justamente Heraldo recordaba que aquí mismo, en esta misma sala, de hecho, hicimos, donde también estuvieron nuestros amigos de Rapa Nui, donde también se juntan amplios sectores, donde se empieza a recaudar dinero para poder tener recursos con qué ayudar  a aquellos países con menores niveles de desarrollo o  aquellas islas que están siendo afectadas fuertemente por el cambio climático y que requieren, efectivamente, conservar los océanos y poder tener recursos suficientes para hacerlo.
 
¿Qué viene ahora?
 
IMPAC tiene que seguir consolidándose como plataforma para desarrollar modelos aplicables, buenas prácticas, intercambio de información clave, y espacio de articulación para iniciativas conjuntas. Lo técnico, científico, político y organizacional deben seguir conviviendo para promover áreas marinas protegidas como camino a seguir.
 
En cada uno de nuestros países, en cada uno de nuestros niveles de intervención, necesitamos avances concretos, innovar en las formas de abordar este desafío.
 
Y yo creo que la responsabilidad es compartida: desde los Jefes de Estado, al lograr acuerdos y hacerlos valer, hasta el ciudadano y el gesto individual.
 
Pero antes de finalizar, quiero hacer otro anuncio, que es un buen ejemplo de cómo conjugar estos distintos niveles de compromiso.
 
Lo mencionaba también el Príncipe Alberto, y el video que vimos en el Our Ocean del 2015, que hicimos aquí mismo, pudimos ver imágenes del resultado del plástico en el océano. Año a año llegan al océano 8 millones de toneladas de plástico.
 
¿Resultado? Se estima que un 90% de las aves marinas tienen plástico en sus estómagos. Al año 2050 se llegaría a un 99%. Ese mismo año, si no hacemos algo por evitarlo, habrá más plástico que peces.
 
Chile se ha unido a ONU Ambiente en su campaña Clean Seas, océanos limpios. Ya hay más de 60 municipios que han iniciado formas de restringir el acceso a bolsas plásticas. Pero tenemos que  ampliar el esfuerzo.
 
Y estamos trabajando en algunas ideas que todavía están un poquito verdes.  Esperamos en Naciones Unidas poder anunciar.
 
Esta iniciativa, junto a nuestra reciente Ley de Reciclaje, serán medidas potentes que van a permitir a la ciudadanía hacer una contribución directa al disminuir la contaminación de plástico en los océanos. Esperamos que muchos otros países se sumen.
 
Amigas y amigos:
 
Como país anfitrión, nos sentimos honrados de acoger este evento internacional y contribuir, de alguna manera, a la extensión de soluciones frente a un problema crítico.
 
Cada uno debe hacer su parte y juntos debemos encontrar modos para que la comunidad internacional pueda ser parte del manejo de áreas marinas conjuntas y modos innovadores de financiamiento.
 
Pero, sí, hay señales alarmantes. Pero, al mismo tiempo, veo signos positivos.
 
Aunque los investigadores están dando esta batalla hace décadas, han logrado inclinar la balanza a su favor y hacer retroceder la incredulidad. Más allá de algunos casos bochornosos, se ha establecido como una verdad no sólo incómoda, sino indesmentible, que la actividad humana está causando un desajuste climático de proporciones.
 
Vemos una opinión pública sensibilizada, más informada, atenta a lo que podamos hacer y que logra ser parte de muchas iniciativas de preservación.
 
Vemos emprendedores e industriales que están modificando sus prácticas, y de este modo tomando la vanguardia en el desarrollo sustentable.
 
Veo voluntad política, en la inmensa mayoría, de empezar a articular respuestas.   A esos signos positivos  me refería.
 
Por eso confío en que cuando a futuro miremos hacia atrás, este presente de acción será visto como un momento relevante en la protección y recuperación de los océanos, por el medio ambiente, el crecimiento económico y la seguridad climática.
 
Muchas gracias y muchos éxitos.